Breves
fragmentos de historia: los principios de la comunicación
“Un acontecimiento que no se
relata puede existir, pero desaparece para la posteridad. Es gracias a la
expresión comunicativa que un suceso se torna existente” José Luis Piñuel y
Carlos Lozano
Pensar en la historia de la
comunicación equivaldría a pensar en la historia de la humanidad pero
irónicamente la comunicación tiene una historia mucho más reciente. Si miramos
hacia atrás, la comunicación ha acompañado al hombre desde sus primeros pasos.
Ya en el 17.000 antes de Cristo, las cuevas de Lascaux en Francia eran pintadas
con un interés comunicativo particular. Este es un claro ejemplo de que aunque
la comunicación, como actividad interactiva, ha existido desde tiempos olvidados,
la reflexión científica concebida alrededor de ella, ha sido relegada por
millones de años. Si bien, el intercambio comunicativo es parte ineludible y
vital de la vida cotidiana hasta el punto en que durante las conversaciones
cotidianas no somos conscientes de sus juegos e intereses, fue hasta la segunda
mitad del siglo XIV que aparecen en la lengua francesa las palabras comunicar y
comunicación. En este primer momento, estas palabras surgen con el sentido
básico de “participar en”. Según anotan Piñuel y Lozano a finales del siglo XV
“communication” se convierte también en objeto del que se participa en común, y
dos siglos más tarde, en el medio para proceder a esa participación. Durante el
siglo XVIII el término empieza a denominar los diferentes medios de transporte.
Ya en el siglo XIX el término comunicación se acoge para designar las
industrias de la prensa, el cine, la radio, y la televisión. Y es en este
momento cuando la comunicación, por primera vez en la historia semántica del
término, entra a hacer parte del vocabulario científico. Nace entonces la
teoría de la comunicación, pero nace como un saber sobre las prácticas
comunicativas, sin poseer aún status de ciencia nueva, sino como parte de los
estudios de las ciencias ya existentes como la biología, la psicología, la
lingüística, la filosofía, la historia, la física, la antropología, etc. Desde
la mitad del siglo XX, cuando la comunicación se convierte en objeto de estudio
científico, tiene que enfrentarse a dos nociones epistémicas para su estudio:
la comunicación como intercambio (transmisión de mensajes) y la comunicación
como conducta interactiva. La primera teoría sobre la comunicación la
desarrolla Shannon limitándola a una cadena de elementos que se suceden unos a
otros, partiendo de una fuente de información hasta llegar a un destino. Este
modelo reduce la comunicación a una sucesión de acciones y reacciones. Según
esta tradición la comunicación entre dos individuos es un acto verbal,
consciente y voluntario. Los miembros de la Universidad Invisible conocidos
también como el grupo de Palo Alto, reaccionan contra este modelo argumentando
que es imposible dejar de comunicarse. Para estos autores la comunicación es un
proceso social permanente que integra múltiples modos de comportamiento: la palabra,
el gesto, la mirada, la mímica, el espacio interindividual, etc. Tampoco se
trata de establecer una oposición entre la comunicación verbal y la comunicación
no verbal: la comunicación es un todo integrado. Un individuo no se comunica,
sino que toma parte en una comunicación en la que se convierte en un elemento.
Puede moverse, producir ruido…, pero no se comunica. En otros términos no es el
autor de la comunicación, sino que participa en ella. La comunicación en tanto
que sistema no debe pues concebirse según el modelo elemental de la acción y la
reacción, por muy complejo que sea su enunciado. En tanto que sistema, hay que
comprenderla al nivel de un intercambio. Edward Hall comparte la posición
general de la Universidad Invisible al pensar la comunicación como un proceso
de múltiples canales cuyos mensajes se refuerzan y controlan de manera
permanente. No hay forma de no comunicarse. Podemos decir entonces que la
comunicación abarca todos los niveles sociales de interacción tanto los
verbales como los no verbales
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