jueves, 15 de noviembre de 2018

CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDAD NACIONAL




Memoria e identidad nacional en Colombia: una mirada histórica

La memoria, la identidad y el proyecto de construcción de la nación, son conceptos tan fuertemente enlazados, tan inseparablemente unidos que resultaría restringido  hablar de uno sin referirse a los otros. Es necesario argumentar esta afirmación demostrando, por un lado, que la identidad nacional colombiana se nutre de la memoria oficial para elaborar los discursos que la llenan de sentido, que le son indispensables para sobrevivir, y que al mismo tiempo son necesarios para construir un relato de nación. Hubo un momento en la historia de los países en que resultó importante construir un sentido de lo nacional y la mejor, o tal vez, la única vía para lograrlo fue reconstruyendo un pasado memorable del cual todos en algunas épocas solo algunos cuantos se sintieran parte. Para el caso colombiano ese momento se conoce con el nombre de la República.
Si bien acabo de hacer énfasis en la indisoluble unión que existe entre la memoria, la identidad y el proyecto de nación, primero rastreándolo en el tiempo, excavando en su pasado, como lo hacen los arqueólogos, en busca de sus inicios y alcances epistemológicos para finalmente poder entenderlo en el contexto histórico colombiano. Si bien mi objetivo es hablar de la memoria, la identidad y la nación distanciadamente, es de esperar que en muchos lugares los conceptos se traslapen, sobreponiéndose de tal manera que resulte imposible hablar de uno sin los otros.
Esta pregunta, ¿quién soy? puede ser la pregunta más formulada por los hombres y al mismo tiempo la más difícil de responder. La identidad, esa difícil respuesta sobre el ¿quién eres? no se encuentra ubicada en ninguno de los dos hemisferios del cerebro, no es igual para todo el mundo pero se encuentra en todas partes, es imposible no tenerla aunque no existe un banco nacional donde pueda guardarse, emitirse, robarse o falsificarse. No se puede buscar sólo en el pasado, aunque se descubriera la máquina del tiempo; es inagotable, cambiante, constante material y etérea. La identidad lo es todo, con ella nos anclamos a la cultura, nos sentimos parte de ella, pertenecientes a un grupo que nos sostiene como individuos y nos valida como sujetos. La identidad es compleja pero necesaria, ella se construye a partir de la diferencia para lograr similitudes que nos acercan a nuestros semejantes, pero que nos contraponen a los diferentes. La identidad siempre se construye en relación; es decir, en el mundo de la alteridad, del encuentro con el otro, con lo otro me construyo a mí mismo/a. El yo y el otro, al igual que la identidad y la cultura, no pueden existir separadamente. También se dice que la construcción de una identidad es también la invención de una diferencia. Por otro lado la identidad se expresa en diferentes niveles de acción, está la identidad individual, la familiar, la regional y la nacional. Todos estos círculos construyen redes que interactúan constantemente. Numerosas son, entonces, las identidades que se tejen en el entramado de lo social superponiéndose en complejos movimientos, algunos de ellos más fuertes que otros, algunos modelos intentando ser más abarcadores que los otros, como es el caso de las identidades nacionales, las cuales se construyen, en el seno de las sociedades modernas y contemporáneas, en dispositivos creados en torno a la conformación y consolidación de los estados nacionales. Pero cabe preguntarse, como lo hizo Immanuel Wallerstein, ¿desde cuándo y por qué necesitamos un pasado y una identidad? Es claro que la identidad no hace parte del sistema natural del ser humano, como el hambre o el sueño que hacen parte de las necesidades básicas de los hombres. No, la identidad no nació con cada individuo, la identidad se construyó y empezó a ser necesaria en un tiempo no muy lejano. Se puede relacionar con el surgimiento del Estado nacional: El proceso de elaboración de una identidad o incluso la necesidad misma de tener una identidad no es algo natural…esta necesidad nace con la formación del Estado nacional. Yo agregaría que más que con la formación del Estado nacional, la identidad apareció como base, como sustento y apoyo de la nación. Este fenómeno surgió, por oposición a los dos grandes sistemas culturales que lo precedieron: la comunidad religiosa y el reino dinástico. Estos dos sistemas fueron en su apogeo marcos de referencia que se daban por sentados, como ocurre ahora con la nacionalidad. En este sentido podría decirse que la identidad nacional se constituye como un proyecto político de gran envergadura, y como tal necesitó de muchas manos para ser relevante. Entre las manos que apoyaron los esfuerzos estatales, están las de los museos que inspirados en ideas de libertad, de progreso, de civilización, de ciudadanía, de fe en la razón, hacían de sus exhibiciones lugares de exaltación de la unidad nacional, con lo cual lograba proyectar ideales hacia el futuro y memorias del pasado que fueron cambiando y transformándose con el ritmo de los años.

Ana Cristina Serna Garcìa

No hay comentarios.:

Publicar un comentario