REFLEXIÓN SOBRE LOS CONCEPTOS DE CULTURA Y
POLÍTICA.
Con la
noción de “cultura
política” se ha
abordado un conjunto
de Fenómenos, temas y problemas bastante amplio y heterogéneo. Para algunos
investigadores, la cultura política tendría que ver con los conocimientos,
valores, creencias, sentimientos, predisposiciones y actitudes de los
individuos ante la política y los asuntos a ella ligados. Esta visión
prioritariamente psicológica de dicha cultura se relaciona, sobre todo, con las
disposiciones u orientaciones de los individuos y los grupos
hacia los objetos
políticos, las cuales
son estudiadas y medidas a través de encuestas o escalas de
actitud.
Desde
otras perspectivas teóricas y metodológicas, historiadores de la cultura,
antropólogos y psicólogos
sociales han empezado
a interesarse en estos años por un conjunto de fenómenos, que también tienen que
ver con la
cultura política: los
“imaginarios” y las “mentalidades”, las “representaciones
sociales” que distintos grupos conforman acerca de la realidad en general, y de
la vida política en particular: cómo se perciben mutuamente distintos grupos de
la sociedad (militares,
izquierdistas,
sindicalistas, la clase
política, empresarios, los sectores
populares, la burguesía,
jóvenes, policías, etc). Algunos analistas se refieren en este
sentido a la necesidad de conocer los
imaginarios y las
mentalidades de múltiples
actores de los conflictos presentes
en nuestras sociedades;
ya sea para
tenerlos en cuenta en los
procesos de negociación, o para desde la crítica social estimular
transformaciones en las
actitudes y valores autoritarios de algunos de estos
actores. Las actitudes democráticas o autoritarias estarían relacionadas con la
manera en que las personas establecen,
individual o colectivamente, una
posición abierta o una actitud
cerrada e intransigente ante el conocimiento humano, ante el problema de la
“verdad”.
Uno de
los cientistas sociales que ha contribuido a la reflexión sobre la cultura
política en América
Latina, es Norbert
Lechner quien ha titulado uno de sus trabajos “Los Patios
Interiores de la Democracia. Subjetividad
y política”, aludiendo
con esa idea
de “subjetividad” al mundo
cultural y valorativo
de los sujetos participantes en la vida política.
Varios de estos análisis subrayan la pertinencia de una perspectiva que muestre
cómo en la organización de la vida cotidiana
de la gente
(en el hogar,
la relación de
pareja, el funcionamiento interno
de la familia)
se construyen diariamente modelos de orden, actitudes en
torno al ejercicio de la autoridad y a la relación con el poder, formas de obediencia
social o de distanciamiento crítico con el poder y con lo establecido.
Para
otros analistas, la problemática de la cultura política se vincula íntimamente con
la cuestión de la identidad
o de las
identidades (nacionales,
posnacionales, étnicas, sociales,
regionales, los cales, sexuales, de
género, etc), en
un momento de configuración de actitudes y contextos posmodernos, que han
hecho mucho más visible la diversidad socio-cultural y cada vez menos posible
subsumirla en los macro sujetos
clásicos de la
emancipación, el proletariado
o el campesinado, que
han estallado como
formas únicas y
unívocas de representación política
de la sociedad,
en medio de
la crisis y replanteamiento de
las grandes narrativas
de la modernidad (“progreso”, “razón”, “revolución”,
“vanguardia”, “desarrollo”).
Otra
dimensión de los análisis de cultura política que introduce la aproximación histórica
a su configuración
y crecimiento, estaría relacionada con
las distintas atmósferas
generacionales, que se suceden en el desarrollo de la
sensibilidad política colectiva de una nación o de una comunidad (por ejemplo,
las de las generaciones de los 60 y 70, o las de los 80 y 90). Éstas
constituirían diferentes “climas” o contextos
de socialización de
los jóvenes crecidos
bajo esos parámetros espacio-temporales y,
por lo tanto,
dejarían herencias diversas en
términos de valores e idearios grupales y formas de darle sentido a la vida personal.
En
algunos trabajos de historia de la educación, o de sociología de la educación, se
han desarrollado también
perspectivas que ven al
sistema educativo como
un componente básico
o subsistema de la cultura,
muy importante para comprender ciertas pautas históricas de socialización
política de la población y las especificidades del acceso de ésta
a los valores
de la modernidad
(al libre examen,
la idea de democracia, la
autonomía individual, al
reconocimiento de la pluralidad, etc).
En Colombia,
buena parte de la reflexión
sobre nuestra cultura política se ha centrado en el estudio
de las relaciones entre religiosidad católica,
sistema educativo e
intolerancia político-ideológica.
Distintos analistas han
encontrado allí algunos
de los factores estimulantes de
la tradición de intolerancia ideológica
y violencia política,
característica de la experiencia histórico-cultural colombiana.
Otros estudiosos
(lingüistas, semiólogos, antropólogos)
han entendido a la
cultura política como
la simbología del
poder (emblemas, himnos, escudos,
banderas, colores, consignas,
mitos fundacionales), los discursos, artificios retóricos o teatrales,
desde los cuales se construye o se legitima la autoridad política, o los
rituales y ceremonias a través de los cuales se renuevan los vínculos políticos
en una sociedad (mítines, manifestaciones, celebraciones).
La noción
de cultura política aborda una
pluralidad enorme y compleja de fenómenos. El estudio de
cada uno de
ellos demanda igualmente
diversas aproximaciones, diferentes confluencias interdisciplinarias,
así como distintos enfoques metodológicos, a
las múltiples disciplinas
que concurren al estudio
de la cultura
política o las
culturas políticas: historia de
la cultura, sociología
política, semiología, antropología política, psicología social,
ciencia política, lingüística y los estudios de comunicación de masas.
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